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¿Que te quedes conmigo porque es lo que nos tocó en este camino?

  No me basta, se me hace muy pequeño, me queda bastante corto y reniego a la idea que el argumento sea que nos hemos quedado juntos porque nos da flojera volver a empezar, conocer a alguien más, aventurarnos y descubrir que todavía alguien nos puede volver a hacer pedazos.   No me basta, se me hace muy pequeño, me queda bastante corto y encuentro muy extraño cada que alguien dice “es que me da flojera volver a conocer a alguien más”, es como ver que vas a la mitad del camino y decides sentarte y esperar que la vida pase, que la vida acabe, que la vida se vaya en un suspiro.    Quién nos ha hecho creer que a este mundo hemos venido a vivir a medias, a caminar en línea recta y a temer dar un par de tumbos mientras vamos avanzando. Quien nos dijo que estabilidad es igual a no movilidad, que tranquilidad es renunciar a la emoción que sientes cuando la mariposa va creciendo y te hace querer abrir las alas.   No me basta, se me hace muy pequeño, me queda bastante cor...

Escribir es un acto de fe…

  Escribir es un acto de fe, pero también de redención, de aceptación. Es echar una mirada al interior o al exterior, buscar esos detalles que hacen que cada cosa en esta vida cobre un poco de sentido. Cuando escribimos tendemos puentes, no solo contamos una historia, creamos un vínculo, buscamos una conexión, algo que nos recuerde, que nos remonte, que nos transforme, que nos eleve a otra dimensión.   Cuando escribimos, partimos de la idea de que tenemos algo que contar, una voz que usar, buscamos una reacción, algo que quizá se nos ha perdido en la rutina, hemos dejado de ver o simplemente necesitamos reconectar. También, es una manera de exorcizar aquello que traemos dentro y no nos deja descansar, buscamos liberarlo a través del arte, de la emoción, de la confesión.   Escribir es una manera de sobrevivir, pero sobre todo de vivir, de hacer que aquello que nos hace felices cobre vida eternamente, en palabras, en recuerdos, otra manera de compartir, de recordar que aquí...

Siempre fui de casa

  Las mejores cosas de mi vida sucedieron en casa, pero las peores cosas de mi vida también ocurrieron en el hogar, como la muerte de mi padre, que volvió mi lugar seguro en un lugar lleno de melancolía con tintes de recuerdo. Gracias a que la memoria no me falla, recuerdo como si fuera ayer el olor a tierra mojada después de llover, la sensación del pasto recién podado y como el cloro de la alberca impregnaba mi cuerpo cada atardecer.   Recuerdo que mientras muchos de mis compañeros les emocionaban salir de casa, a mí estar en la mía me daba paz, me permitía ser quien fui desde que nací, podía inventar mil mundos que invadían cada rincón y que cobraban vida en cada habitación, fue ahí donde aprendí a dejar volar la imaginación.   Mi casa muchas veces fue el punto de reunión, para lo bueno, lo malo y de lo que no se puede hablar, ahí prendí mi primer cigarro y probé el tequila por primera vez. Vinieron mis abuelos cuando enfermaron, fue el lugar donde mis padres nunca se ...

Aquello que dejamos ir, convencidos de que necesitamos más espacio

  ¿Alguna vez has hecho el ejercicio de limpiar tu armario?, de sacar aquello que solo ocupa espacio y que guardas porque tiene un valor sentimental, te sabe a recuerdo, a un momento suspendido en el tiempo, te sabe… y a veces saberte, es razón suficiente para creerlo. Limpiamos tanto, a veces a detalle, pero preferimos olvidar algunos rincones, hay saltos que requieren tanto valor y tiempo que a veces preferimos convencernos de que siempre habrá un mañana para hacerlo. Posponemos tantas cosas, que eso ya no es un problema, el problema es que ante la falta de espacio nos terminamos estancando, porque ese pretexto se convierte en una razón que nos hace perder el vuelo y olvidar que hay un mundo por andar.  Nos aferramos, nos agarramos al primer palo que se nos atraviesa, a la primera tabla que confundimos con un salvavidas, nos da miedo el cambio, tanto, que hasta mover un florero se convierte en un tema. Nos han contado que el camino a la cima tiene una sola forma, nos asemeja...

Querer nunca será sinónimo de perder…

Tres, dos, uno… la cuenta atrás, inhalas, exhalas y no lo consigues, tienes los ojos rojos de tanto llorar, las manos cansadas de tanto intentar, cuentas hasta diez esperando que suceda algo mágico que cambie el final, los abres y te das cuenta de que todo sigue igual.   En días pasados, uno de mis lectores me escribió para contarme su historia de amor, en algún punto, después de narrar el sube y baja de emociones en el que estuvo viviendo durante meses, en medio del torbellino de situaciones y la tormenta que parecía no tener fin, me dijo, siento que, por quererlo, solo he perdido el tiempo.    No pude evitar pensar la cantidad de veces que muchos al querer hemos sentido que hemos perdido, por automaticidad asumimos que querer solo tiene un final… y vivieron felices por siempre, lo lograron, se logró, de no ser así, automáticamente nos invade un sentimiento de frustración, de enojo, de tristeza y de decepción, una absoluta pérdida de tiempo en un maratón que parece no te...

Aquello que hiciste sabiendo que sería la última vez

No sería a ti, no sería a ti... esta vez ya no sería a ti Aquello que hiciste sabiendo que sería la última vez… de cierta forma subí a ese avión un tanto en contra de mi voluntad, vamos, que no digo que se me haya obligado, solo que en ese momento viajar había dejado de ser mi prioridad. Días previos, había sumado un total de al menos 6 aviones en tres semanas, y si sumaba al final de mes y un cachito serían al menos 10 en total. Para ese entonces, mi mente y deseo estaban centrados en estar en casa, así que abordé ese avión sabiendo que al regreso todo iba a cambiar. De cierta forma, era un viaje agridulce, lleno de emociones por las cosas que iba a descubrir y por la gente que iba a compartir, pero también sabiendo que ese sería el final.   Y así emprendí la aventura, la última aventura, luchando una vez más contra retrasos y carreras contra el tiempo para no perder la conexión, soñando con llegar a un lugar que desconocía y descubrir lo que lo hacía especial. Cada momento compar...

El poder de la intención…

  El poder de la intención…    Del lo siento, lo hice sin pensar, no era mi intención a fue cosa de suerte, parece que vivimos en extremos que se encuentran cuando se trata de buscarle justificación o darle una respuesta a algo que nos suele sorprender, ya sea para bien o para mal. Digamos, que nos hemos convencido de que la culpa es del azar.   Vivimos como ovejas, automatizados, convencidos a que las cosas increíbles suceden solo de vez en cuando y perdemos la brújula y nos hacemos de la vista gorda cuando algo maravilloso suele suceder, sobre todo si no es a nosotros, si es para alguien más, duele, la realidad duele.   Se nos olvida que somos los principales responsables y artífices de que cosas imposibles sucedan en esta vida, dale una intención, date una intención. Descubre que en la maravilla de responsabilizarte de tus actos puedes producir una cadena de cosas positivas, no hagas las cosas sin pensar, tampoco se las dejes al azar, abre los ojos y toma un ...

¿Qué hay de malo en renunciar a ser extraordinario?

Hace dos meses recibí un correo de mi ex – trabajo donde me solicitaban una reunión presencial con carácter de urgente, mi intuición me hizo saber que esa cita tenía solo un motivo, notificarme que mi contrato iba a ser rescindido, en otras palabras, me iban a despedir, no me equivoqué.   Desde entonces, fiel a mi personalidad me embarqué en un viaje de sentimientos, que comenzaban con el agradecimiento, desde pequeño mis padres me enseñaron que en esta vida hay ciclos que se cumplen, algunos se cumplen por nuestra voluntad y otros tantos porque el universo nos tiene preparado algo más.   En este viaje de emprendimiento me encontré con una pregunta que tenía que responder, ¿qué hay de malo en renunciar a ser extraordinario? Me llevo dos meses encontrar una respuesta, y aunque sé que no es definitiva, hoy es la que necesito y da salida a esa entrada que traía en mi cabeza.   Hace unos meses atrás racionalicé la enorme necesidad de hacer una pausa y re – dirigir mi carrera ...

La importancia de saber decir

  “Es como ir a jugar a la casa del vecino” fue una de las frases que recuerdo haber escuchado mientras entrevistaban a una actriz sobre la repentina cancelación sobre su serie de televisión. Tiempo después, ya en mis veintes, recuerdo haberle preguntado a mi madre por qué no tenía fotografías de nosotros (mi hermano y yo) en sus oficinas, no recuerdo a ciencia cierta su respuesta, pero si la interpretación, sobre que no eran sus oficinas, era un momento que se le prestaba y que podía llegar al final en cualquier momento.   Asumimos y aprendemos que aquello que nos llega es para toda la vida, quizá por ello damos por sentado y dejamos de esforzarnos. Lo cierto, es que desde que tengo uso de razón comprendí que no somos más que un momento suspendido en el tiempo y vale la pena intentarlo. ¡Vive!, es el recordatorio que recibimos cada día.   Nos aterran los cambios, porque de una forma u otra nos enseñan que el objetivo final debe ser la estabilidad, nos obsesionamos tanto ...

Y suponemos

  Suponemos que aquello que nos dijimos por pequeño que sea y que nos haya dolido lo va a curar el tiempo, porque pensamos que el tiempo es mágico, que realmente tiene poderes de hacer que uno olvide, de llevarse aquello que no queremos conservar, tiempo al tiempo como consuelo, como mantra, como primer pensamiento del día. Pero ignoramos que eso que nos separó por pequeño que sea con el tiempo se va haciendo grande, porque entonces seguimos sumando y todo parece dirigido a seguir haciéndonos daños. Lo magnificamos, en lugar de quitarle importancia se convierte en motivo de disgusto, de desdeño, decimos que no importa, pero importa, importa tanto que eso que un día fue pequeño en la suma de todo se hace incalculable. Se hace laborioso tener que pensar en una defensa para cubrirme de tus palabras, de tus silencios, de tus miradas, me vuelvo estratega buscando la palabra perfecta, la sonrisa precisa para demostrar que no importa, pero me sigue importando, porque no damos tregua a...

Duele...

  Duele… siempre duele, no como aquella primera vez, no como esa última vez, pero duele. A veces duele hasta respirar y entonces uno se toma un momento para centrar su mirada en un punto lejano, tan solo para convencerte que el camino no se ha terminado. Duele como cuando te caías de niño y veías la sangre brotar de la herida, entonces buscabas consuelo y pedías alivio y alguien ponía su mano sobre la herida y te decía que todo iba a estar bien…duele. Es cierto, es complicado, resulta mucho más difícil que alguien hoy pueda poner su mano sobre esta herida, porque es profunda, tan profunda como el mar y a veces creo que tiene la inmensidad del universo, pero duele porque sé que también eso es mentira. Duele saber que con el tiempo serás recuerdo, apenas una bocanada de aire de aquello que fuimos y que en el último momento decidimos no queríamos ser. Y caemos en la trampa y nos convencemos de que hubiera sido más sencillo que aquella tarde hubiéramos optado por tomar la derecha y...

El día que salí del closet…

  Ayer por la noche hablé con mi mamá, sin dudarlo, era una de esas noches en que necesitaba escuchar su voz y que alguien me dijera que todo iba a estar bien. Inmediatamente recordé aquella primera vez en que regresé a casa hecho un guiñapo, para los que me conocen saben que tengo una facilidad para llorar que cualquier actriz de novelas desearía tener. Siempre he sido bastante hábil para esconder muchas de mis emociones, pero hay otras que brotan con facilidad, la mayoría de mis emociones terminan en textos escondidos y perdidos con la certeza que poca gente sabrá que se tratan de mí. Hoy quiero escribir en primera persona, porque quiero recordar esa vez que salí del closet. Es cierto que tiendo a idealizar las cosas y a las personas, me pasa desde pequeño, no sé si nací así o es algo que aprendí en casa. Siempre he dicho que tuve la inmensa fortuna de ser un niño lleno de amor, y eso siempre se vio reflejado en que siempre pude ser, de hecho, decir que salí del closet es inj...

Desde el centro de mi cama

  Hoy me levanté pensando en esa vieja manía de ocupar solo un extremo de la cama, justo el lado derecho, o el izquierdo, dependiendo de que posición tengas cuando leas esto. Que cosa tan extraña, dormir solo, estar solo y no ocupar todo el espacio pensando que ese espacio está reservado o imposible de ocupar. Quizá se deba a la costumbre que me dejaron todos estos años de dormir a tu lado o tal vez solo es acariciar la idea que algún día ese lado de la cama volverá a estar ocupado. Abrí los ojos y contemplé el rincón que habito, mi pequeño hogar, he hecho algunos cambios para mejorarlo, para hacerlo un poco más mío, un poco más cómodo, que responda a mis necesidades actuales y después de pensarlo un momento, decidí que iba a ocupar toda esa cama. Tomé mi libro, el marcador y acomode las almohadas en el centro, sin pensarlo lleve mi cuerpo hasta ese espacio y me apropie de lo que siempre ha sido mío. Me detuve un momento justo en el centro de ese universo y pensé en todo aquell...

A todos mis hombres… (a los que fueron, a los que están y los que vivieron para quedarse)

  Hace muchos años recuerdo que le dije al hombre en turno que quería escribir un libro sobre aquellos que habían sido mis hombres. Debo confesar que los pronombres posesivos nunca han sido lo mío, estoy convencido que estamos en el momento que tenemos que estar y luego nunca dejamos de volar, porque esa es la naturaleza humana rodar y rodar. En aquel entonces, recuerdo que me dijo que esa idea ya había sido explotada, que había sido una tesis en Estados Unidos y que se había convertido en un libro, confieso que maté la idea tan pronto me lo dijo y seguí pensando de que podía escribir. Pero la idea no murió por completo, y aunque odio los pronombres posesivos, a veces pienso si ellos han sido míos o yo he sido más de ellos. Me gusta pensar en tiempo, espacio y coincidencia, uno a veces quiere porque se parece y otras tantas uno quiere porque se deslumbra, pero al final uno quiere y cuando uno quiere de cierta forma es para siempre porque es mentira que los amores mueren, a vece...

Cuidado... cruce con precaución

  Y al abrir la puerta no pude evitar recordar que me gustan los espacios abiertos, los pequeños balcones, las grandes terrazas desde donde puedes observar el caer de la noche, el salir del sol y si tienes suerte disfrutar la lluvia sin tener que mojarte… aunque esto último no me hace mucho sentido, ¿que no lo mejor de la vida es atrever a mojarte un poco? Desde pequeño escuchaba que, si llovía, era mejor cubrirse y buscar refugio, porque si te mojabas te podías enfermar, que mucho sol te hacía daño y que confiar demasiado te podía hacer pedazos. A veces siento que estamos tan acostumbrados a vivir con señales de alerta que parece que vamos en un campo minado esperando encontrarnos con algo que nos haga pedazos. ¡Qué pena!... mira, que pena vivir pensando que a cada paso hay un letrero que nos dice “cruce con precaución”, a veces, vale la pena olvidarse que el paso debe ser precavido, a veces que nos moje la lluvia es todo lo que necesitamos, otras tantas un poquito de sol para...

La pandilla de los jamás besados

  A veces nos da por recordar lo que fueron aquellos años, los años que se nos han escapado y que nunca han de regresar, aquellos años en que no sospechábamos hasta donde íbamos a llegar, porque vale, ¿qué de malo tiene recordar cuando tanto has avanzado? Y ahí estábamos nosotros sentados, uno a lado del otro, cantando canciones que hoy parecen lejanas, pero sobre todo añorando ese primer beso. ¡Mira!, que nos lo dijeron una y mil veces, ¡vive! Que el tiempo nunca vuelve y nosotros vivíamos, pero muchas veces tan solo vivimos entre sueños, deseando estar en un lugar mejor, queriendo algo más, algo que no sabíamos que se podía encontrar. Hoy, los años han pasado, la vida nos ha pasado, los momentos se nos han pasado, muchos han dejado huella en nosotros, profunda, húmeda, larga como un buen beso… ¡ah, un buen beso! Reímos para no llorar, lloramos porque nos cansamos de reír y simular que nada ha pasado, porque en este camino nos hemos hecho humanos, de carne y hueso, de deseos y...

El elefante en la habitación…

  De niño solía causarme gracia cuando escuchaba que alguien hacía referencia a un elefante en la habitación, casi me lo podía imaginar andando en silencio, pero con sus pisadas fuertes volviendo loco a más de uno, a propios y extraños. Con el tiempo aprendí que el verdadero significado de esa frase guardaba mucho mayor relación con aquello que preferimos no tocar, no ver, no mencionarlo, pero que su presencia está ahí al acecho reclamando nuestra atención. Es como el eco de ese pensamiento que no logramos apagar porque hemos decidido no atender… ¿cuántos elefantes podrán hacerte compañía en la habitación?, quizá ese sea el caso, nos sentimos tan solos, tan abandonados, tan apartados, que hemos encontrado en ellos la compañía perfecta, nos hemos acostumbrado a su presencia, negando que lo mejor sería su ausencia. Ausencia… ausencia de todo, ausencia de ti, de mí, de nosotros, de aquello que soñamos y que un día se nos reventó… ruido… en mi cabeza, en mi corazón, el eco tus paso...

Veneno

  Llevo días pensando como contar esta historia, traté la noche de ayer y hace dos noches, tenía un texto hermoso en mi cabeza, uno perfecto, de esos que solo suceden justamente ahí, pero que cuando los aterrizas en papel no tiene sentido. Y es que tal vez, tú y yo no tengamos sentido, ni forma, ni principio, pero eso debería darme la certeza de que tampoco tendremos un final, ¿se puede vivir sin principios que corten la respiración?, ¿se puede vivir sin finales que te corten la inspiración?... no lo sé, pero lo que si sé es que no se puede vivir si te quedas a un costado del camino. A veces andando, es que nos topamos con momentos en que se nos nubla un poco la claridad y la cosa se complica cuando lo combinas con un beso, un beso húmedo, lento…que parece que detiene el tiempo. Esa noche alguien que nos vio gritó a lo lejos “que bonito es el amor”, con un poco de recelo volteamos, con ganas de decirle “no señor, no es amor, solo son ganas de besar”, pero todo mundo sabe que ...

Tu historia entre mis labios

  Busqué tu historia, sí, esa que me contaste, la que me dijiste era sumamente especial, al buscarla me encontré con muchas otras, fue inevitable no tomarme el tiempo para leer cada una de ellas y te aprendí un poco de lo mucho que trataste de explicarme la última vez y no logré entender. Entendí que vienes de un largo camino y comprendí que te queda un largo trecho por andar, para serte sincero, no me sorprendió mucho, no porque fuera mala o pequeña, solo porque yo también me leí en ella, a veces pasa y por eso me gusta leer tanto y por eso me pierdo en las lecturas infinitas, porque me acuerdo y comprendo que al igual que tú me falta mucho por andar y todavía no quiero parar. Me tomé el tiempo para pensar un poco más en ti, es cierto, a algunas personas les he hablado de ti, pero estoy convencido que no es este el momento más preciso en el que podemos coincidir, pero a veces la vida funciona así, hay cosas que se apagan con la misma facilidad con las que se suelen prender y otr...

Ya me sé el final...

Lo conozco de memoria, conozco la historia, cambian los nombres y a veces las situaciones, pero pocas veces cambia el final. Cambias tú, cambio yo, cambia el tiempo en donde estamos, cambia la distancia que se hace más grande y sé, sé que diremos que el tiempo pasa volando, porque eso es cierto, el tiempo nunca se detiene… pero el tiempo pasa arrasando. Y pasará arrasando contigo y conmigo, con lo poco o mucho que quede de los dos, con muchos de los sueños que por cuestión de tiempo siempre serán sueños, cierto, en algún momento podemos confundirnos y pensar que son recuerdos, pero no, solamente son sueños, porque ya me sé el final. Porque he recorrido muchas veces este camino, porque cambian las manos, los cuerpos, los nombres, las sensaciones, pero no el final, el final nunca cambia, porque el tiempo y la distancia nunca juegan a nuestro favor. Y sí… y diremos que no nos vamos a perder y diremos que nos vamos a guardar y diremos que tal vez la vida quiera… pero sabes qué… la vida no ...