¿Qué hay de malo en renunciar a ser extraordinario?
Hace dos meses recibí un correo de mi ex – trabajo donde me solicitaban una reunión presencial con carácter de urgente, mi intuición me hizo saber que esa cita tenía solo un motivo, notificarme que mi contrato iba a ser rescindido, en otras palabras, me iban a despedir, no me equivoqué.
Desde entonces, fiel a mi personalidad me embarqué en un viaje de sentimientos, que comenzaban con el agradecimiento, desde pequeño mis padres me enseñaron que en esta vida hay ciclos que se cumplen, algunos se cumplen por nuestra voluntad y otros tantos porque el universo nos tiene preparado algo más.
En este viaje de emprendimiento me encontré con una pregunta que tenía que responder, ¿qué hay de malo en renunciar a ser extraordinario? Me llevo dos meses encontrar una respuesta, y aunque sé que no es definitiva, hoy es la que necesito y da salida a esa entrada que traía en mi cabeza.
Hace unos meses atrás racionalicé la enorme necesidad de hacer una pausa y re – dirigir mi carrera hacía otros lados, ya no sentía pasión por lo que hacía, me había cansado de la dinámica, de la rutina, de la estrategia y de tener que convencer constantemente que yo era bueno haciendo lo que hacía, soy bueno en lo que hago, a veces llegué a ser extraordinario, pero ser extraordinario, cansa, porque es un esfuerzo que requiere demasiado valor y poner en espera otras áreas de tu vida.
Yo ya no quería seguir siendo extraordinario, quería tener tiempo, tomarme un momento, no quería sentir que el tiempo se me iba de las manos, pero sobre todo no quería sentir que yo no era suficiente y el recordatorio constante de que no lo era, me estaba matando en sentido figurado.
No importaba que hiciera, no importaba a donde viera, estaba encasillado en una etiqueta de la que ya no podía salir, y eso cansa. Entonces, me encontré con la pregunta y si es momento de darle importancia a las pequeñas cosas, y al instante, pensé, pero que ordinaries tener que renunciar a ser grande, a ser importante, ser relevante para conformarte con quedarte en tu casa tomando una taza de café y leyendo un buen libro.
Renuncié a ser extraordinario, y encontré una magia impresionante en lo ordinario, ¡sonríes más desde que estás en casa!, me dijo Enrique el otro día, y disfruto mucho más la música, y me enojo menos, y celebro más y encuentro un motivo distinto para levantarme todos los días con una sonrisa, pero aparte de todo hoy sé que no tiene nada de malo ser ordinario, porque en los detalles pequeños se encuentran las verdaderas diferencias.
Y no, no hay nada de malo en renunciar en ser extraordinario, y te lo digo hoy mientras me bebo una taza de café y miro al tiempo, ese mismo tiempo que se va pasando, pero que ya no lleva prisa…es que hoy ya no tengo prisa.
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