El día que salí del closet…
Ayer por la
noche hablé con mi mamá, sin dudarlo, era una de esas noches en que necesitaba
escuchar su voz y que alguien me dijera que todo iba a estar bien. Inmediatamente
recordé aquella primera vez en que regresé a casa hecho un guiñapo, para los
que me conocen saben que tengo una facilidad para llorar que cualquier actriz de
novelas desearía tener.
Siempre he
sido bastante hábil para esconder muchas de mis emociones, pero hay otras que brotan
con facilidad, la mayoría de mis emociones terminan en textos escondidos y
perdidos con la certeza que poca gente sabrá que se tratan de mí. Hoy quiero
escribir en primera persona, porque quiero recordar esa vez que salí del
closet.
Es cierto
que tiendo a idealizar las cosas y a las personas, me pasa desde pequeño, no sé
si nací así o es algo que aprendí en casa. Siempre he dicho que tuve la inmensa
fortuna de ser un niño lleno de amor, y eso siempre se vio reflejado en que
siempre pude ser, de hecho, decir que salí del closet es injusto, porque creo
que nunca estuve dentro. Mi madre es pedagoga de profesión con múltiples estudios,
maestría y doctorado en letras, de cierta forma puedo decir que quizá eso hizo
mi vida un poco más sencilla y a la vez un poco más difícil porque la vara para
ser como ella era demasiado alta.
Hace no mucho
un primo entrado en años me contó que a mi mamá le solían decir “tu hijo tiene
algo extraño y deberías arreglarlo”, por extraño se referían a que era demasiado
sensible, en mi casa siempre hubo música y libros y de cierta forma eso hizo
que yo fuera extremadamente sentimental, aunado a eso me gustaban las cosas de
barbie, los pollypockets, los trolls a los que les hacía vestidos y contar
historias, lo bonito de esta historia es que mi madre solía responder que yo
solo era un niño buscando quién iba a ser en la vida y que un día lo iba a decidir
y ella iba a estar ahí para apoyarme.
Y lo hizo,
porque esa primera vez en que alguien se te rompe entre las manos y se lleva de
cachitos poco a poco esa ilusión mi madre estuvo ahí, recuerdo que yo lloraba y
tenía miedo decirle que lloraba por un él, ella desesperada por no entender me
obligó a sacar la respuesta y entre lágrimas le dije “mira mamá, siempre has
sabido que soy gay, y hoy necesito que seas mi mamá porque (inserte nombre de
hombre) me rompió el corazón”
Mi madre
preguntó y ese quién es, con la misma familiaridad con la que me preguntaba
cómo había amanecido, que quería comer y hoy que quería hacer, después de
escuchar mi historia solamente dijo “uno no llora por puterías”, cosa que reclamé
y le dije que eso no ayudaba mucho y entonces guardo silencio y se quedó junto
a mí mientras yo lloraba sin decir más.
Salí del
clóset el día que me rompieron el corazón, pero ese primer dolor que sientes
que te va a dejar sin respirar y que se lleva una parte de ti, me regaló algo mucho
mejor, me regaló la certeza que mi mamá nunca iba a dejar de ser mi mamá y desde
entonces suelo escuchar de sus labios “esto también pasará” y saben qué… todo
en esta vida termina de pasar, pero lo que nunca deja de pasar es el cariño
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