Aquello que hiciste sabiendo que sería la última vez

No sería a ti, no sería a ti... esta vez ya no sería a ti

Aquello que hiciste sabiendo que sería la última vez… de cierta forma subí a ese avión un tanto en contra de mi voluntad, vamos, que no digo que se me haya obligado, solo que en ese momento viajar había dejado de ser mi prioridad. Días previos, había sumado un total de al menos 6 aviones en tres semanas, y si sumaba al final de mes y un cachito serían al menos 10 en total.

Para ese entonces, mi mente y deseo estaban centrados en estar en casa, así que abordé ese avión sabiendo que al regreso todo iba a cambiar. De cierta forma, era un viaje agridulce, lleno de emociones por las cosas que iba a descubrir y por la gente que iba a compartir, pero también sabiendo que ese sería el final.

 

Y así emprendí la aventura, la última aventura, luchando una vez más contra retrasos y carreras contra el tiempo para no perder la conexión, soñando con llegar a un lugar que desconocía y descubrir lo que lo hacía especial. Cada momento compartido, cada segundo que pasaba no podía evitar pensar que no habría más, me guardé más de lo normal para no confesar que ese sería nuestro final.

 

Atesoré cada momento y en mi mente comencé a crear recuerdos que sabía que no iba a olvidar, me tomé el tiempo para disfrutar de la ciudad donde nunca cae el sol, me vestí sabiendo que las fotos que resultaran de ese viaje con el tiempo se iban a volver especiales, porque cada que las viera, me harían decir, yo sabía que ese sería nuestro final.

 

No hubo un solo día que no me doliera algo, pero eso no me impidió que no pudiera disfrutar, reír, soñar y. pensar en qué más podía venir si un día decidimos soltar. Entonces, el día de la despedida, les dije, avísenme a la hora que se vayan al aeropuerto, y a la madrugada siguiente, con el sol que nunca se fue a dormir y con el reloj detenido a las 5 les abracé, les agradecí y les dije adiós, yo sabía que ese era nuestro final, ellos pensaban que habría un capítulo más. 

 

Y volé, volé de regreso y abracé a los míos y agradecí por el tiempo compartido, en casa sabían lo que pasaba por mi cabeza, entonces me esperaban con emoción, la misma emoción con la que un día me aventuré a navegar por océanos que ya no volvería a navegar. 

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