A todos mis hombres… (a los que fueron, a los que están y los que vivieron para quedarse)
Hace muchos
años recuerdo que le dije al hombre en turno que quería escribir un libro sobre
aquellos que habían sido mis hombres. Debo confesar que los pronombres posesivos
nunca han sido lo mío, estoy convencido que estamos en el momento que tenemos
que estar y luego nunca dejamos de volar, porque esa es la naturaleza humana
rodar y rodar.
En aquel entonces,
recuerdo que me dijo que esa idea ya había sido explotada, que había sido una
tesis en Estados Unidos y que se había convertido en un libro, confieso que
maté la idea tan pronto me lo dijo y seguí pensando de que podía escribir. Pero
la idea no murió por completo, y aunque odio los pronombres posesivos, a veces
pienso si ellos han sido míos o yo he sido más de ellos.
Me gusta
pensar en tiempo, espacio y coincidencia, uno a veces quiere porque se parece y
otras tantas uno quiere porque se deslumbra, pero al final uno quiere y cuando
uno quiere de cierta forma es para siempre porque es mentira que los amores
mueren, a veces se diluyen, se transforman, evolucionan y las cosas cambian, a
veces aquello que nos une, es lo que termina por separarnos y otras tantas lo
que ocurre es que a todos nos llega la rutina.
Yo no sería
yo sin aquellos besos, sin esas decepciones, sin esas ilusiones, sin esos
momentos en que se detenía el tiempo cuando tus ojos se encontraban con mis
ojos, cuando tus labios se besaban con mis labios y nuestras palabras
completaban las frases. Yo no sería yo sin todas esas intermitencias, sin esos
momentos locos, de alegría, de complicidad, de complicación, los de rabia, furia, decepción y tristeza… cuanto camino se
anda cuando uno pone el corazón, pero cuando uno pone el corazón, pocas veces se
equivoca.
De pequeño
recuerdo hacer muchas preguntas, he preguntado desde el primer día de mi vida
porque no me bastan las respuestas comunes, pero de pequeño recuerdo estar
sentado con mi madre, que a la par me hacía muchas preguntas, no siempre
obtenía las respuestas que tenía y el momento se ponía más difícil cuando tenía
que argumentar con causa y razón, porque para ella no bastaba un “todos lo hicieron”,
en esas tardes, noches, mañanas, recuero que me decía elige siempre con el
corazón, si un día te lo rompen siempre tendrás un vuelo para regresar a casa.
Y ahí me
tenían a mí a veces pidiendo un vuelo para volver, pero porque lo que
necesitaba era un abrazo, un abrazo que me llenara, que me calmara y que me
dijera que eso también iba a pasar, porque es cierto, todo pasa, nosotros
pasamos, estamos de paso y al menos yo… yo voy volando.
Este no es
el texto original que quería escribir, me faltarían hojas, espacios, lloverían
las ideas para hablar de aquellos hombres que de una u otra forma con sus manos
me han moldeado. A mis hombres les digo gracias por enseñarme, por darme, por
recibir por ser la razón de muchas cosas, por ser la respuesta a la pregunta
que me abrazaba en ese momento, por ser ruido, por ser silencio, por ser amigo
y ser amante, por ser un hombre cuando necesitaba que lo fueras.
A ti… a ti
que con 16 años y tú con 32 me recibías en tu casa y me llenabas de besos, a ti
que me enseñaste los bares de Monterrey, a ti que me rompiste el corazón por
primera vez y supe que ese era el dolor mas fuerte, pero que no te mata, a ti
que me cantabas en Tus pupilas en el teléfono y hacías hasta lo extraordinario
por no quedarte dormido para escuchar mi voz en la madrugada por las horas de diferencia,
a ti que en una noche de antro te acercaste y me dijiste me gustan tus labios y
pasaste del amigo al compañero por unos meses, a ti que me convencías que
teníamos que estar juntos porque nos veíamos bien, a ti que tenías un novio y
lo dejaste por mí, lo siento, porque cuando lo dejaste, me dejaste de gustar y
yo ya no volví, a ti que te desesperaba mucho la idea de que me iba ir a Argentina
y un día me preguntaste que éramos y terminamos en Chetumal, a ti que siempre
buscabas una playa y abrías las ventanas para escuchar el mar y me decías con emoción
“escucha… las olas están ahí”, a ti que un día camino a tu casa me dijiste
sutilmente que si me quería quedar contigo esa noche y nos comenzamos a besar y
escribimos esa historia que no tuvo final y que está ahí, pero que nunca hemos
dejado de ser amigos… te quiero de aquí al cielo y de regreso, a ti que me
diste todas las razones para no quedarme y que teníamos que terminar en medio
de una tienda sin ganas de intentar y a ti que te pierdes en el azul mas claro
de mis pensamientos y te adentras en muchos de mis sentimientos y aunque no somos, estamos y si estamos… seguro habrá
algo para recordar.
Al final,
alguien el otro día me dijo que el valor de la vida lo determina el amor que
damos, no el que recibimos… a todos mis hombres.
Comentarios
Publicar un comentario