La pandilla de los jamás besados

 

A veces nos da por recordar lo que fueron aquellos años, los años que se nos han escapado y que nunca han de regresar, aquellos años en que no sospechábamos hasta donde íbamos a llegar, porque vale, ¿qué de malo tiene recordar cuando tanto has avanzado? Y ahí estábamos nosotros sentados, uno a lado del otro, cantando canciones que hoy parecen lejanas, pero sobre todo añorando ese primer beso.

¡Mira!, que nos lo dijeron una y mil veces, ¡vive! Que el tiempo nunca vuelve y nosotros vivíamos, pero muchas veces tan solo vivimos entre sueños, deseando estar en un lugar mejor, queriendo algo más, algo que no sabíamos que se podía encontrar. Hoy, los años han pasado, la vida nos ha pasado, los momentos se nos han pasado, muchos han dejado huella en nosotros, profunda, húmeda, larga como un buen beso… ¡ah, un buen beso!

Reímos para no llorar, lloramos porque nos cansamos de reír y simular que nada ha pasado, porque en este camino nos hemos hecho humanos, de carne y hueso, de deseos y de anhelos y de cosas que también nos van frustrando. También nos hemos cansado, es cierto, andar al paso cansa, vivir a veces agota y querer a veces desquicia.

Con el tiempo hemos aprendido a querer, pero sobre todo a querer a aquel niño que era de la pandilla de los jamás besados, de los que estaban a un costado viendo la vida pasar, soñando con todo algún día iba a cambiar. Hoy, a pesar de la distancia hemos encontrado la forma de estar cerca cada día, entre risas, entre llantos, entre cosas que no nos contamos y otras que todavía no terminamos de digerir.

Vivimos a través de besos con extraños que se hacen cercanos, con propios que el tiempo vuelve ajenos, es cierto, a veces un beso lastima, pero también a veces un beso significa… ¡vida!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Escribir es un acto de fe…

¿Que te quedes conmigo porque es lo que nos tocó en este camino?

Al dar la vuelta ...