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Mostrando entradas de 2021

Duele...

  Duele… siempre duele, no como aquella primera vez, no como esa última vez, pero duele. A veces duele hasta respirar y entonces uno se toma un momento para centrar su mirada en un punto lejano, tan solo para convencerte que el camino no se ha terminado. Duele como cuando te caías de niño y veías la sangre brotar de la herida, entonces buscabas consuelo y pedías alivio y alguien ponía su mano sobre la herida y te decía que todo iba a estar bien…duele. Es cierto, es complicado, resulta mucho más difícil que alguien hoy pueda poner su mano sobre esta herida, porque es profunda, tan profunda como el mar y a veces creo que tiene la inmensidad del universo, pero duele porque sé que también eso es mentira. Duele saber que con el tiempo serás recuerdo, apenas una bocanada de aire de aquello que fuimos y que en el último momento decidimos no queríamos ser. Y caemos en la trampa y nos convencemos de que hubiera sido más sencillo que aquella tarde hubiéramos optado por tomar la derecha y...

El día que salí del closet…

  Ayer por la noche hablé con mi mamá, sin dudarlo, era una de esas noches en que necesitaba escuchar su voz y que alguien me dijera que todo iba a estar bien. Inmediatamente recordé aquella primera vez en que regresé a casa hecho un guiñapo, para los que me conocen saben que tengo una facilidad para llorar que cualquier actriz de novelas desearía tener. Siempre he sido bastante hábil para esconder muchas de mis emociones, pero hay otras que brotan con facilidad, la mayoría de mis emociones terminan en textos escondidos y perdidos con la certeza que poca gente sabrá que se tratan de mí. Hoy quiero escribir en primera persona, porque quiero recordar esa vez que salí del closet. Es cierto que tiendo a idealizar las cosas y a las personas, me pasa desde pequeño, no sé si nací así o es algo que aprendí en casa. Siempre he dicho que tuve la inmensa fortuna de ser un niño lleno de amor, y eso siempre se vio reflejado en que siempre pude ser, de hecho, decir que salí del closet es inj...

Desde el centro de mi cama

  Hoy me levanté pensando en esa vieja manía de ocupar solo un extremo de la cama, justo el lado derecho, o el izquierdo, dependiendo de que posición tengas cuando leas esto. Que cosa tan extraña, dormir solo, estar solo y no ocupar todo el espacio pensando que ese espacio está reservado o imposible de ocupar. Quizá se deba a la costumbre que me dejaron todos estos años de dormir a tu lado o tal vez solo es acariciar la idea que algún día ese lado de la cama volverá a estar ocupado. Abrí los ojos y contemplé el rincón que habito, mi pequeño hogar, he hecho algunos cambios para mejorarlo, para hacerlo un poco más mío, un poco más cómodo, que responda a mis necesidades actuales y después de pensarlo un momento, decidí que iba a ocupar toda esa cama. Tomé mi libro, el marcador y acomode las almohadas en el centro, sin pensarlo lleve mi cuerpo hasta ese espacio y me apropie de lo que siempre ha sido mío. Me detuve un momento justo en el centro de ese universo y pensé en todo aquell...

A todos mis hombres… (a los que fueron, a los que están y los que vivieron para quedarse)

  Hace muchos años recuerdo que le dije al hombre en turno que quería escribir un libro sobre aquellos que habían sido mis hombres. Debo confesar que los pronombres posesivos nunca han sido lo mío, estoy convencido que estamos en el momento que tenemos que estar y luego nunca dejamos de volar, porque esa es la naturaleza humana rodar y rodar. En aquel entonces, recuerdo que me dijo que esa idea ya había sido explotada, que había sido una tesis en Estados Unidos y que se había convertido en un libro, confieso que maté la idea tan pronto me lo dijo y seguí pensando de que podía escribir. Pero la idea no murió por completo, y aunque odio los pronombres posesivos, a veces pienso si ellos han sido míos o yo he sido más de ellos. Me gusta pensar en tiempo, espacio y coincidencia, uno a veces quiere porque se parece y otras tantas uno quiere porque se deslumbra, pero al final uno quiere y cuando uno quiere de cierta forma es para siempre porque es mentira que los amores mueren, a vece...

Cuidado... cruce con precaución

  Y al abrir la puerta no pude evitar recordar que me gustan los espacios abiertos, los pequeños balcones, las grandes terrazas desde donde puedes observar el caer de la noche, el salir del sol y si tienes suerte disfrutar la lluvia sin tener que mojarte… aunque esto último no me hace mucho sentido, ¿que no lo mejor de la vida es atrever a mojarte un poco? Desde pequeño escuchaba que, si llovía, era mejor cubrirse y buscar refugio, porque si te mojabas te podías enfermar, que mucho sol te hacía daño y que confiar demasiado te podía hacer pedazos. A veces siento que estamos tan acostumbrados a vivir con señales de alerta que parece que vamos en un campo minado esperando encontrarnos con algo que nos haga pedazos. ¡Qué pena!... mira, que pena vivir pensando que a cada paso hay un letrero que nos dice “cruce con precaución”, a veces, vale la pena olvidarse que el paso debe ser precavido, a veces que nos moje la lluvia es todo lo que necesitamos, otras tantas un poquito de sol para...

La pandilla de los jamás besados

  A veces nos da por recordar lo que fueron aquellos años, los años que se nos han escapado y que nunca han de regresar, aquellos años en que no sospechábamos hasta donde íbamos a llegar, porque vale, ¿qué de malo tiene recordar cuando tanto has avanzado? Y ahí estábamos nosotros sentados, uno a lado del otro, cantando canciones que hoy parecen lejanas, pero sobre todo añorando ese primer beso. ¡Mira!, que nos lo dijeron una y mil veces, ¡vive! Que el tiempo nunca vuelve y nosotros vivíamos, pero muchas veces tan solo vivimos entre sueños, deseando estar en un lugar mejor, queriendo algo más, algo que no sabíamos que se podía encontrar. Hoy, los años han pasado, la vida nos ha pasado, los momentos se nos han pasado, muchos han dejado huella en nosotros, profunda, húmeda, larga como un buen beso… ¡ah, un buen beso! Reímos para no llorar, lloramos porque nos cansamos de reír y simular que nada ha pasado, porque en este camino nos hemos hecho humanos, de carne y hueso, de deseos y...

El elefante en la habitación…

  De niño solía causarme gracia cuando escuchaba que alguien hacía referencia a un elefante en la habitación, casi me lo podía imaginar andando en silencio, pero con sus pisadas fuertes volviendo loco a más de uno, a propios y extraños. Con el tiempo aprendí que el verdadero significado de esa frase guardaba mucho mayor relación con aquello que preferimos no tocar, no ver, no mencionarlo, pero que su presencia está ahí al acecho reclamando nuestra atención. Es como el eco de ese pensamiento que no logramos apagar porque hemos decidido no atender… ¿cuántos elefantes podrán hacerte compañía en la habitación?, quizá ese sea el caso, nos sentimos tan solos, tan abandonados, tan apartados, que hemos encontrado en ellos la compañía perfecta, nos hemos acostumbrado a su presencia, negando que lo mejor sería su ausencia. Ausencia… ausencia de todo, ausencia de ti, de mí, de nosotros, de aquello que soñamos y que un día se nos reventó… ruido… en mi cabeza, en mi corazón, el eco tus paso...

Veneno

  Llevo días pensando como contar esta historia, traté la noche de ayer y hace dos noches, tenía un texto hermoso en mi cabeza, uno perfecto, de esos que solo suceden justamente ahí, pero que cuando los aterrizas en papel no tiene sentido. Y es que tal vez, tú y yo no tengamos sentido, ni forma, ni principio, pero eso debería darme la certeza de que tampoco tendremos un final, ¿se puede vivir sin principios que corten la respiración?, ¿se puede vivir sin finales que te corten la inspiración?... no lo sé, pero lo que si sé es que no se puede vivir si te quedas a un costado del camino. A veces andando, es que nos topamos con momentos en que se nos nubla un poco la claridad y la cosa se complica cuando lo combinas con un beso, un beso húmedo, lento…que parece que detiene el tiempo. Esa noche alguien que nos vio gritó a lo lejos “que bonito es el amor”, con un poco de recelo volteamos, con ganas de decirle “no señor, no es amor, solo son ganas de besar”, pero todo mundo sabe que ...

Tu historia entre mis labios

  Busqué tu historia, sí, esa que me contaste, la que me dijiste era sumamente especial, al buscarla me encontré con muchas otras, fue inevitable no tomarme el tiempo para leer cada una de ellas y te aprendí un poco de lo mucho que trataste de explicarme la última vez y no logré entender. Entendí que vienes de un largo camino y comprendí que te queda un largo trecho por andar, para serte sincero, no me sorprendió mucho, no porque fuera mala o pequeña, solo porque yo también me leí en ella, a veces pasa y por eso me gusta leer tanto y por eso me pierdo en las lecturas infinitas, porque me acuerdo y comprendo que al igual que tú me falta mucho por andar y todavía no quiero parar. Me tomé el tiempo para pensar un poco más en ti, es cierto, a algunas personas les he hablado de ti, pero estoy convencido que no es este el momento más preciso en el que podemos coincidir, pero a veces la vida funciona así, hay cosas que se apagan con la misma facilidad con las que se suelen prender y otr...

Ya me sé el final...

Lo conozco de memoria, conozco la historia, cambian los nombres y a veces las situaciones, pero pocas veces cambia el final. Cambias tú, cambio yo, cambia el tiempo en donde estamos, cambia la distancia que se hace más grande y sé, sé que diremos que el tiempo pasa volando, porque eso es cierto, el tiempo nunca se detiene… pero el tiempo pasa arrasando. Y pasará arrasando contigo y conmigo, con lo poco o mucho que quede de los dos, con muchos de los sueños que por cuestión de tiempo siempre serán sueños, cierto, en algún momento podemos confundirnos y pensar que son recuerdos, pero no, solamente son sueños, porque ya me sé el final. Porque he recorrido muchas veces este camino, porque cambian las manos, los cuerpos, los nombres, las sensaciones, pero no el final, el final nunca cambia, porque el tiempo y la distancia nunca juegan a nuestro favor. Y sí… y diremos que no nos vamos a perder y diremos que nos vamos a guardar y diremos que tal vez la vida quiera… pero sabes qué… la vida no ...