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¿Qué hay de malo en renunciar a ser extraordinario?

Hace dos meses recibí un correo de mi ex – trabajo donde me solicitaban una reunión presencial con carácter de urgente, mi intuición me hizo saber que esa cita tenía solo un motivo, notificarme que mi contrato iba a ser rescindido, en otras palabras, me iban a despedir, no me equivoqué.   Desde entonces, fiel a mi personalidad me embarqué en un viaje de sentimientos, que comenzaban con el agradecimiento, desde pequeño mis padres me enseñaron que en esta vida hay ciclos que se cumplen, algunos se cumplen por nuestra voluntad y otros tantos porque el universo nos tiene preparado algo más.   En este viaje de emprendimiento me encontré con una pregunta que tenía que responder, ¿qué hay de malo en renunciar a ser extraordinario? Me llevo dos meses encontrar una respuesta, y aunque sé que no es definitiva, hoy es la que necesito y da salida a esa entrada que traía en mi cabeza.   Hace unos meses atrás racionalicé la enorme necesidad de hacer una pausa y re – dirigir mi carrera ...

La importancia de saber decir

  “Es como ir a jugar a la casa del vecino” fue una de las frases que recuerdo haber escuchado mientras entrevistaban a una actriz sobre la repentina cancelación sobre su serie de televisión. Tiempo después, ya en mis veintes, recuerdo haberle preguntado a mi madre por qué no tenía fotografías de nosotros (mi hermano y yo) en sus oficinas, no recuerdo a ciencia cierta su respuesta, pero si la interpretación, sobre que no eran sus oficinas, era un momento que se le prestaba y que podía llegar al final en cualquier momento.   Asumimos y aprendemos que aquello que nos llega es para toda la vida, quizá por ello damos por sentado y dejamos de esforzarnos. Lo cierto, es que desde que tengo uso de razón comprendí que no somos más que un momento suspendido en el tiempo y vale la pena intentarlo. ¡Vive!, es el recordatorio que recibimos cada día.   Nos aterran los cambios, porque de una forma u otra nos enseñan que el objetivo final debe ser la estabilidad, nos obsesionamos tanto ...

Y suponemos

  Suponemos que aquello que nos dijimos por pequeño que sea y que nos haya dolido lo va a curar el tiempo, porque pensamos que el tiempo es mágico, que realmente tiene poderes de hacer que uno olvide, de llevarse aquello que no queremos conservar, tiempo al tiempo como consuelo, como mantra, como primer pensamiento del día. Pero ignoramos que eso que nos separó por pequeño que sea con el tiempo se va haciendo grande, porque entonces seguimos sumando y todo parece dirigido a seguir haciéndonos daños. Lo magnificamos, en lugar de quitarle importancia se convierte en motivo de disgusto, de desdeño, decimos que no importa, pero importa, importa tanto que eso que un día fue pequeño en la suma de todo se hace incalculable. Se hace laborioso tener que pensar en una defensa para cubrirme de tus palabras, de tus silencios, de tus miradas, me vuelvo estratega buscando la palabra perfecta, la sonrisa precisa para demostrar que no importa, pero me sigue importando, porque no damos tregua a...

Duele...

  Duele… siempre duele, no como aquella primera vez, no como esa última vez, pero duele. A veces duele hasta respirar y entonces uno se toma un momento para centrar su mirada en un punto lejano, tan solo para convencerte que el camino no se ha terminado. Duele como cuando te caías de niño y veías la sangre brotar de la herida, entonces buscabas consuelo y pedías alivio y alguien ponía su mano sobre la herida y te decía que todo iba a estar bien…duele. Es cierto, es complicado, resulta mucho más difícil que alguien hoy pueda poner su mano sobre esta herida, porque es profunda, tan profunda como el mar y a veces creo que tiene la inmensidad del universo, pero duele porque sé que también eso es mentira. Duele saber que con el tiempo serás recuerdo, apenas una bocanada de aire de aquello que fuimos y que en el último momento decidimos no queríamos ser. Y caemos en la trampa y nos convencemos de que hubiera sido más sencillo que aquella tarde hubiéramos optado por tomar la derecha y...

El día que salí del closet…

  Ayer por la noche hablé con mi mamá, sin dudarlo, era una de esas noches en que necesitaba escuchar su voz y que alguien me dijera que todo iba a estar bien. Inmediatamente recordé aquella primera vez en que regresé a casa hecho un guiñapo, para los que me conocen saben que tengo una facilidad para llorar que cualquier actriz de novelas desearía tener. Siempre he sido bastante hábil para esconder muchas de mis emociones, pero hay otras que brotan con facilidad, la mayoría de mis emociones terminan en textos escondidos y perdidos con la certeza que poca gente sabrá que se tratan de mí. Hoy quiero escribir en primera persona, porque quiero recordar esa vez que salí del closet. Es cierto que tiendo a idealizar las cosas y a las personas, me pasa desde pequeño, no sé si nací así o es algo que aprendí en casa. Siempre he dicho que tuve la inmensa fortuna de ser un niño lleno de amor, y eso siempre se vio reflejado en que siempre pude ser, de hecho, decir que salí del closet es inj...

Desde el centro de mi cama

  Hoy me levanté pensando en esa vieja manía de ocupar solo un extremo de la cama, justo el lado derecho, o el izquierdo, dependiendo de que posición tengas cuando leas esto. Que cosa tan extraña, dormir solo, estar solo y no ocupar todo el espacio pensando que ese espacio está reservado o imposible de ocupar. Quizá se deba a la costumbre que me dejaron todos estos años de dormir a tu lado o tal vez solo es acariciar la idea que algún día ese lado de la cama volverá a estar ocupado. Abrí los ojos y contemplé el rincón que habito, mi pequeño hogar, he hecho algunos cambios para mejorarlo, para hacerlo un poco más mío, un poco más cómodo, que responda a mis necesidades actuales y después de pensarlo un momento, decidí que iba a ocupar toda esa cama. Tomé mi libro, el marcador y acomode las almohadas en el centro, sin pensarlo lleve mi cuerpo hasta ese espacio y me apropie de lo que siempre ha sido mío. Me detuve un momento justo en el centro de ese universo y pensé en todo aquell...

A todos mis hombres… (a los que fueron, a los que están y los que vivieron para quedarse)

  Hace muchos años recuerdo que le dije al hombre en turno que quería escribir un libro sobre aquellos que habían sido mis hombres. Debo confesar que los pronombres posesivos nunca han sido lo mío, estoy convencido que estamos en el momento que tenemos que estar y luego nunca dejamos de volar, porque esa es la naturaleza humana rodar y rodar. En aquel entonces, recuerdo que me dijo que esa idea ya había sido explotada, que había sido una tesis en Estados Unidos y que se había convertido en un libro, confieso que maté la idea tan pronto me lo dijo y seguí pensando de que podía escribir. Pero la idea no murió por completo, y aunque odio los pronombres posesivos, a veces pienso si ellos han sido míos o yo he sido más de ellos. Me gusta pensar en tiempo, espacio y coincidencia, uno a veces quiere porque se parece y otras tantas uno quiere porque se deslumbra, pero al final uno quiere y cuando uno quiere de cierta forma es para siempre porque es mentira que los amores mueren, a vece...