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Mostrando entradas de 2023

¿Que te quedes conmigo porque es lo que nos tocó en este camino?

  No me basta, se me hace muy pequeño, me queda bastante corto y reniego a la idea que el argumento sea que nos hemos quedado juntos porque nos da flojera volver a empezar, conocer a alguien más, aventurarnos y descubrir que todavía alguien nos puede volver a hacer pedazos.   No me basta, se me hace muy pequeño, me queda bastante corto y encuentro muy extraño cada que alguien dice “es que me da flojera volver a conocer a alguien más”, es como ver que vas a la mitad del camino y decides sentarte y esperar que la vida pase, que la vida acabe, que la vida se vaya en un suspiro.    Quién nos ha hecho creer que a este mundo hemos venido a vivir a medias, a caminar en línea recta y a temer dar un par de tumbos mientras vamos avanzando. Quien nos dijo que estabilidad es igual a no movilidad, que tranquilidad es renunciar a la emoción que sientes cuando la mariposa va creciendo y te hace querer abrir las alas.   No me basta, se me hace muy pequeño, me queda bastante cor...

Escribir es un acto de fe…

  Escribir es un acto de fe, pero también de redención, de aceptación. Es echar una mirada al interior o al exterior, buscar esos detalles que hacen que cada cosa en esta vida cobre un poco de sentido. Cuando escribimos tendemos puentes, no solo contamos una historia, creamos un vínculo, buscamos una conexión, algo que nos recuerde, que nos remonte, que nos transforme, que nos eleve a otra dimensión.   Cuando escribimos, partimos de la idea de que tenemos algo que contar, una voz que usar, buscamos una reacción, algo que quizá se nos ha perdido en la rutina, hemos dejado de ver o simplemente necesitamos reconectar. También, es una manera de exorcizar aquello que traemos dentro y no nos deja descansar, buscamos liberarlo a través del arte, de la emoción, de la confesión.   Escribir es una manera de sobrevivir, pero sobre todo de vivir, de hacer que aquello que nos hace felices cobre vida eternamente, en palabras, en recuerdos, otra manera de compartir, de recordar que aquí...

Siempre fui de casa

  Las mejores cosas de mi vida sucedieron en casa, pero las peores cosas de mi vida también ocurrieron en el hogar, como la muerte de mi padre, que volvió mi lugar seguro en un lugar lleno de melancolía con tintes de recuerdo. Gracias a que la memoria no me falla, recuerdo como si fuera ayer el olor a tierra mojada después de llover, la sensación del pasto recién podado y como el cloro de la alberca impregnaba mi cuerpo cada atardecer.   Recuerdo que mientras muchos de mis compañeros les emocionaban salir de casa, a mí estar en la mía me daba paz, me permitía ser quien fui desde que nací, podía inventar mil mundos que invadían cada rincón y que cobraban vida en cada habitación, fue ahí donde aprendí a dejar volar la imaginación.   Mi casa muchas veces fue el punto de reunión, para lo bueno, lo malo y de lo que no se puede hablar, ahí prendí mi primer cigarro y probé el tequila por primera vez. Vinieron mis abuelos cuando enfermaron, fue el lugar donde mis padres nunca se ...

Aquello que dejamos ir, convencidos de que necesitamos más espacio

  ¿Alguna vez has hecho el ejercicio de limpiar tu armario?, de sacar aquello que solo ocupa espacio y que guardas porque tiene un valor sentimental, te sabe a recuerdo, a un momento suspendido en el tiempo, te sabe… y a veces saberte, es razón suficiente para creerlo. Limpiamos tanto, a veces a detalle, pero preferimos olvidar algunos rincones, hay saltos que requieren tanto valor y tiempo que a veces preferimos convencernos de que siempre habrá un mañana para hacerlo. Posponemos tantas cosas, que eso ya no es un problema, el problema es que ante la falta de espacio nos terminamos estancando, porque ese pretexto se convierte en una razón que nos hace perder el vuelo y olvidar que hay un mundo por andar.  Nos aferramos, nos agarramos al primer palo que se nos atraviesa, a la primera tabla que confundimos con un salvavidas, nos da miedo el cambio, tanto, que hasta mover un florero se convierte en un tema. Nos han contado que el camino a la cima tiene una sola forma, nos asemeja...

Querer nunca será sinónimo de perder…

Tres, dos, uno… la cuenta atrás, inhalas, exhalas y no lo consigues, tienes los ojos rojos de tanto llorar, las manos cansadas de tanto intentar, cuentas hasta diez esperando que suceda algo mágico que cambie el final, los abres y te das cuenta de que todo sigue igual.   En días pasados, uno de mis lectores me escribió para contarme su historia de amor, en algún punto, después de narrar el sube y baja de emociones en el que estuvo viviendo durante meses, en medio del torbellino de situaciones y la tormenta que parecía no tener fin, me dijo, siento que, por quererlo, solo he perdido el tiempo.    No pude evitar pensar la cantidad de veces que muchos al querer hemos sentido que hemos perdido, por automaticidad asumimos que querer solo tiene un final… y vivieron felices por siempre, lo lograron, se logró, de no ser así, automáticamente nos invade un sentimiento de frustración, de enojo, de tristeza y de decepción, una absoluta pérdida de tiempo en un maratón que parece no te...

Aquello que hiciste sabiendo que sería la última vez

No sería a ti, no sería a ti... esta vez ya no sería a ti Aquello que hiciste sabiendo que sería la última vez… de cierta forma subí a ese avión un tanto en contra de mi voluntad, vamos, que no digo que se me haya obligado, solo que en ese momento viajar había dejado de ser mi prioridad. Días previos, había sumado un total de al menos 6 aviones en tres semanas, y si sumaba al final de mes y un cachito serían al menos 10 en total. Para ese entonces, mi mente y deseo estaban centrados en estar en casa, así que abordé ese avión sabiendo que al regreso todo iba a cambiar. De cierta forma, era un viaje agridulce, lleno de emociones por las cosas que iba a descubrir y por la gente que iba a compartir, pero también sabiendo que ese sería el final.   Y así emprendí la aventura, la última aventura, luchando una vez más contra retrasos y carreras contra el tiempo para no perder la conexión, soñando con llegar a un lugar que desconocía y descubrir lo que lo hacía especial. Cada momento compar...

El poder de la intención…

  El poder de la intención…    Del lo siento, lo hice sin pensar, no era mi intención a fue cosa de suerte, parece que vivimos en extremos que se encuentran cuando se trata de buscarle justificación o darle una respuesta a algo que nos suele sorprender, ya sea para bien o para mal. Digamos, que nos hemos convencido de que la culpa es del azar.   Vivimos como ovejas, automatizados, convencidos a que las cosas increíbles suceden solo de vez en cuando y perdemos la brújula y nos hacemos de la vista gorda cuando algo maravilloso suele suceder, sobre todo si no es a nosotros, si es para alguien más, duele, la realidad duele.   Se nos olvida que somos los principales responsables y artífices de que cosas imposibles sucedan en esta vida, dale una intención, date una intención. Descubre que en la maravilla de responsabilizarte de tus actos puedes producir una cadena de cosas positivas, no hagas las cosas sin pensar, tampoco se las dejes al azar, abre los ojos y toma un ...

¿Qué hay de malo en renunciar a ser extraordinario?

Hace dos meses recibí un correo de mi ex – trabajo donde me solicitaban una reunión presencial con carácter de urgente, mi intuición me hizo saber que esa cita tenía solo un motivo, notificarme que mi contrato iba a ser rescindido, en otras palabras, me iban a despedir, no me equivoqué.   Desde entonces, fiel a mi personalidad me embarqué en un viaje de sentimientos, que comenzaban con el agradecimiento, desde pequeño mis padres me enseñaron que en esta vida hay ciclos que se cumplen, algunos se cumplen por nuestra voluntad y otros tantos porque el universo nos tiene preparado algo más.   En este viaje de emprendimiento me encontré con una pregunta que tenía que responder, ¿qué hay de malo en renunciar a ser extraordinario? Me llevo dos meses encontrar una respuesta, y aunque sé que no es definitiva, hoy es la que necesito y da salida a esa entrada que traía en mi cabeza.   Hace unos meses atrás racionalicé la enorme necesidad de hacer una pausa y re – dirigir mi carrera ...

La importancia de saber decir

  “Es como ir a jugar a la casa del vecino” fue una de las frases que recuerdo haber escuchado mientras entrevistaban a una actriz sobre la repentina cancelación sobre su serie de televisión. Tiempo después, ya en mis veintes, recuerdo haberle preguntado a mi madre por qué no tenía fotografías de nosotros (mi hermano y yo) en sus oficinas, no recuerdo a ciencia cierta su respuesta, pero si la interpretación, sobre que no eran sus oficinas, era un momento que se le prestaba y que podía llegar al final en cualquier momento.   Asumimos y aprendemos que aquello que nos llega es para toda la vida, quizá por ello damos por sentado y dejamos de esforzarnos. Lo cierto, es que desde que tengo uso de razón comprendí que no somos más que un momento suspendido en el tiempo y vale la pena intentarlo. ¡Vive!, es el recordatorio que recibimos cada día.   Nos aterran los cambios, porque de una forma u otra nos enseñan que el objetivo final debe ser la estabilidad, nos obsesionamos tanto ...

Y suponemos

  Suponemos que aquello que nos dijimos por pequeño que sea y que nos haya dolido lo va a curar el tiempo, porque pensamos que el tiempo es mágico, que realmente tiene poderes de hacer que uno olvide, de llevarse aquello que no queremos conservar, tiempo al tiempo como consuelo, como mantra, como primer pensamiento del día. Pero ignoramos que eso que nos separó por pequeño que sea con el tiempo se va haciendo grande, porque entonces seguimos sumando y todo parece dirigido a seguir haciéndonos daños. Lo magnificamos, en lugar de quitarle importancia se convierte en motivo de disgusto, de desdeño, decimos que no importa, pero importa, importa tanto que eso que un día fue pequeño en la suma de todo se hace incalculable. Se hace laborioso tener que pensar en una defensa para cubrirme de tus palabras, de tus silencios, de tus miradas, me vuelvo estratega buscando la palabra perfecta, la sonrisa precisa para demostrar que no importa, pero me sigue importando, porque no damos tregua a...