...El pequeño encuentro...
...El pequeño encuentro...
"Sé tú mismo. Los demás puestos están ocupados."
— Oscar Wilde.
Fue la primera persona que no me preguntó por qué, solo me sonrió y me dio un beso... un beso largo, húmedo, de esos que das con los ojos cerrados y que no quieres que se acaben, por un instante recordé lo que es conectarse con alguien tan ajeno y que en cuestión de segundos se convierte en una chispa que prende y te mueve el suelo.
Y no, no estoy hablando de la idea de enamorarte sin pensar, a mi edad he aprendido que el verdadero amor, el amor sincero, el amor más sano es aquel que se construye entre la razón y el sentimiento, aquel que te hace pensar, imaginar y preguntar, pero sobre todo aquel que se hace a fuego lento, de pequeños momentos y de cimientos fuertes, esto solo fue un pequeño encuentro.
De lo que estoy hablando es de un pequeño encuentro, entre dos personas que ríen, hablan, vuelven a reír y se hacen preguntas, y deciden jugar un juego sencillo, un juego que involucra a dos, que solamente es asunto de dos, ese pequeño encuentro que por momentos te roba el aliento.
Nos conocíamos de hace tiempo, reíamos y compartíamos, lo bueno, lo malo, lo que nos sucedía con extraños, pero entre tantas cosas de la vida, nos vemos poco, tan poco, que de repente uno piensa que será esa clase de amigo al que le mandas un mensaje de vez en cuando y ya.
Pero entonces, en medio de una noche, entre voces y alegrías de desconocidos, te conectas con un universo que solo permite la entrada para dos, una fiesta privada, cargada de silencios y miradas, de tímidos roces para no incomodar, pero de labios cargados de emoción que no tienen lugar para la timidez.
Entonces preguntó, ¿tú ya tuviste a esa persona?, para hacer referencia a la persona que nos convierte en alguien que desconfía, que teme y que lastima con la excusa de que lastimas porque alguien más te lastimo, y la respuesta fue mucho más sencilla de lo que pensé:
"No, no existe una persona que sea capaz de hacerme dejar de creer, no existe una persona que sea capaz de convertirme en una máquina de hacer daño, porque sigo siendo esa persona que decide creer... creer que en algún lugar un pequeño encuentro puede llegar a suceder"... y sucedió en medio de la nada, al intercambio de una sonrisa y reconocer que el camino nunca se acaba.
No sé que sería de mí sin esos pequeños encuentros, sin esos pequeños momentos en que te conectas con alguien más, porque uno se construye de esos pequeños encuentros y es ahí cuando uno vuelve a escribir, tan solo para nunca olvidar.
— Oscar Wilde.
Fue la primera persona que no me preguntó por qué, solo me sonrió y me dio un beso... un beso largo, húmedo, de esos que das con los ojos cerrados y que no quieres que se acaben, por un instante recordé lo que es conectarse con alguien tan ajeno y que en cuestión de segundos se convierte en una chispa que prende y te mueve el suelo.
Y no, no estoy hablando de la idea de enamorarte sin pensar, a mi edad he aprendido que el verdadero amor, el amor sincero, el amor más sano es aquel que se construye entre la razón y el sentimiento, aquel que te hace pensar, imaginar y preguntar, pero sobre todo aquel que se hace a fuego lento, de pequeños momentos y de cimientos fuertes, esto solo fue un pequeño encuentro.
De lo que estoy hablando es de un pequeño encuentro, entre dos personas que ríen, hablan, vuelven a reír y se hacen preguntas, y deciden jugar un juego sencillo, un juego que involucra a dos, que solamente es asunto de dos, ese pequeño encuentro que por momentos te roba el aliento.
Nos conocíamos de hace tiempo, reíamos y compartíamos, lo bueno, lo malo, lo que nos sucedía con extraños, pero entre tantas cosas de la vida, nos vemos poco, tan poco, que de repente uno piensa que será esa clase de amigo al que le mandas un mensaje de vez en cuando y ya.
Pero entonces, en medio de una noche, entre voces y alegrías de desconocidos, te conectas con un universo que solo permite la entrada para dos, una fiesta privada, cargada de silencios y miradas, de tímidos roces para no incomodar, pero de labios cargados de emoción que no tienen lugar para la timidez.
Entonces preguntó, ¿tú ya tuviste a esa persona?, para hacer referencia a la persona que nos convierte en alguien que desconfía, que teme y que lastima con la excusa de que lastimas porque alguien más te lastimo, y la respuesta fue mucho más sencilla de lo que pensé:
"No, no existe una persona que sea capaz de hacerme dejar de creer, no existe una persona que sea capaz de convertirme en una máquina de hacer daño, porque sigo siendo esa persona que decide creer... creer que en algún lugar un pequeño encuentro puede llegar a suceder"... y sucedió en medio de la nada, al intercambio de una sonrisa y reconocer que el camino nunca se acaba.
No sé que sería de mí sin esos pequeños encuentros, sin esos pequeños momentos en que te conectas con alguien más, porque uno se construye de esos pequeños encuentros y es ahí cuando uno vuelve a escribir, tan solo para nunca olvidar.

Comentarios
Publicar un comentario