Se llamaba necedad
Hoy lo veo de una forma más clarita, un poco más nítido, sin tantas vueltas y ya no es necesario poner pretextos. Hoy comprendo que lo nuestro se llamaba necedad, puede que sí, nos quisiéramos demasiado, pero al mismo tiempo nos dominaba el egoísmo, tú querías las cosas a tu manera, y yo tratando de seguir tu paso apresurado y firma, como un perro fiel, siempre la mascota fiel. No supimos esperar y entender que las mejores cosas son aquellas que se llevan tiempo, nos comieron las ganas, la ansiedad, la desesperación, nos comimos tú y yo, tú a mí, yo a ti, se nos olvidó que quizá vendrían días un poco más largos, noches más obscuras y tormentas que golpearían nuestro hogar sin dar tregua a la paz. Entonces levantaste la voz y yo corrí a esconderme, lo admito comencé a tenerte miedo, miedo a encontrarte, miedo a desencontrarnos, a no coincidir, a no entender y sobre todo que no hubiera lugar para comprender. Nos convertimos en extraños compartiendo el mismo cielo, el mismo aire...