Escribir es un acto de fe, pero también de redención, de aceptación. Es echar una mirada al interior o al exterior, buscar esos detalles que hacen que cada cosa en esta vida cobre un poco de sentido. Cuando escribimos tendemos puentes, no solo contamos una historia, creamos un vínculo, buscamos una conexión, algo que nos recuerde, que nos remonte, que nos transforme, que nos eleve a otra dimensión. Cuando escribimos, partimos de la idea de que tenemos algo que contar, una voz que usar, buscamos una reacción, algo que quizá se nos ha perdido en la rutina, hemos dejado de ver o simplemente necesitamos reconectar. También, es una manera de exorcizar aquello que traemos dentro y no nos deja descansar, buscamos liberarlo a través del arte, de la emoción, de la confesión. Escribir es una manera de sobrevivir, pero sobre todo de vivir, de hacer que aquello que nos hace felices cobre vida eternamente, en palabras, en recuerdos, otra manera de compartir, de recordar que aquí...
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